jueves, 11 de septiembre de 2014

Héroe de Malvinas soldado Julio Rubén Cao : Un maestro que lo dió todo por la patria


Soldado Cao maestro y héroe de Malvinas

El soldado Julio Rubén Cao nació en Ramos Mejía el 18 de enero de 1961. Se recibió de docente, cursando luego el profesorado de literatura y de magisterio. Ejerció la docencia en las escuelas Nº 95, 96 y 32 de La Matanza y en el año 1981 cumplió el Servicio militar obligatorio en el RIM III "General Manuel Belgrano" de La Tablada, provincia de Buenos Aires.

Terminado el Servicio militar obligatorio, volvió a ejercer la docencia hasta que, con motivo de la recuperación de las islas, se presentó como voluntario un 12 de abril de 1982, y fue destinado con su unidad a Puerto Argentino.

Las notas fueron tomadas del diario Clarín y la idea ha sido de Marga Grigera.

Soldado Julio R. Cao
Javito. Javier. Torito. Así le hablaba Julio Rubén Cao a su hijo, mientras aún estaba en la panza de su mujer Clara Barrios. Pero el 28 de agosto de 1982 nació una nena y la bautizaron Julia en honor al papá, uno de los pocos voluntarios de la guerra de Malvinas. Julio murió a los 21 años el 14 de junio de 1982. El día de la rendición argentina.

Parece una doble injusticia. Julio no tenía la obligación de ir. Pero fue. Aguantó toda la guerra en el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 del Ejército. Tuvo hambre, frío, sufrió la brutal humedad de los pozos de zorro y falleció el último día. "En cierta parte fue su elección y en cierta parte fue el destino". La que habla es Julia, esa beba que nació en 1982. Es una de las hijas de la guerra y creció con las historias que le transmitió su mamá, embarazada de cinco meses cuando Julio fue a Malvinas.

"Tengo el recuerdo de mi mamá contándome que papá no estaba, que estaba en el cielo y que había muerto en Malvinas", cuenta Julia. Para ella fue natural crecer con esa historia. "Era algo que lo tenía incorporado, pero -cuando empecé el primario- me daba cuenta del impacto que causaba en las otras personas. Adultas y también en niños", dice Julia, el pelo largo, coqueta, tatuada. Sus maestras se quedaban heladas y "trataban el tema con especial cuidado porque sabían que había una persona que estaba involucrada directamente".

Delmira Cao, la mamá de Julio, también ha estado muy involucrada con Malvinas. En estos 30 años su batalla ha sido contra el olvido y la victimización de los ex combatientes y caídos. "Nunca quise que mi hijo fuera el pobrecito porque mi hijo había sido un valiente que había luchado mucho. En zonas carenciadas, en villas de emergencias. Trabajaba en La Ferrere, arreglaba aulas de las escuelas antes de irse a la guerra". Julio era maestro.

"Le gustaba Serrat. Amaba a Gandhi. Hacía ayunos como Gandhi. Le gustaba la paz. Era amigo de la paz, pero cuando le tocó ir no dudó. Era más importante lo que tenía que hacer por su patria", dice su madre con el recuerdo aún vivo de aquella mañana en la que Julio cruzó la vereda hasta su casa para decirle que había decidido ir a luchar a Malvinas.

Julio le dijo: "Yo como maestro y como ser humano con valores no puedo dejar de ir. ¿Cómo me siento después detrás de un escritorio si ahora me escondo debajo de la cama?", le preguntó a su mamá. Sus compañeros, conscriptos clase 61, estaban siendo convocados. Y aunque a Julio nunca le llegó la carta para que se presentara en el Ejército fue igual.

El maestro Julio Cao con sus alumnos
 En 1991, Delmira y Julia, que tenía sólo 9 añitos, viajaron a Malvinas. En el cementerio de Darwin adoptaron una de las 230 tumbas a la que cuidan y honran. El cuerpo de Julio es uno de los que aún está sin identificar. "Me impactó muchísimo. Me generó muchos sentimientos de rencuentro con la figura mi papá, desde el lugar íntimo. No desde el lugar del maestro o del soldado. Ese lugar paterno que yo a mi manera construí sin tenerlo", confiesa Julia con ganas de volver un día.

Tanto para ella como para Delmira, la gran deuda con los 649 muertos argentinos del conflicto está vinculada con la memoria. "Pienso que todo el pueblo tendría que reconocer el gran valor que tuvieron y que arriesgaron la vida por la patria. Tanto los que están como los que no se merecen un reconocimiento público y total. Espero que a nivel popular se genere algo especial porque ya se cumplieron tres décadas y es el tiempo suficiente para elaborar las heridas. Cuando finalizó la guerra quizás no era el tiempo indicado porque la sociedad también estaba dolida como los familiares. Pero ahora es el momento indicado para reivindicar a las personas que lucharon allá y se entregaron por nosotros", dice Julia.

Nunca conoció a su papá, pero su familia y amigos se encargaron de que supiera quién había sido. "A él en Malvinas lo ilustran como una persona que daba apoyo moral a sus compañeros, que era muy religioso, que les hacia rezar el rosario. Era una persona que tenía un contacto muy íntimo con sus compañeros y que los alentaba", repasa.

"Fue una persona que a pesar de ser joven tenia altas aspiraciones. Que ejercía su trabajo con amor, con vocación. Estaba convencido de lo que hacía. Desde tercer grado decía que quería ser maestro", cuenta Julia, uno de los tres anhelos de este soldado voluntario: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.
Aunque Julio no llegó a escribir ese libro sí escribió y varias veces desde Malvinas. Una vez a sus alumnos de 3er grado (ver La carta de Julio a sus alumnos). Julia sabe de memoria lo que dicen esas cartas. Y cuando repara en la letra, prolija, clara, exacta, no puede dejar de sentirse identificada: "A mi me gusta escribir y siento que es algo que heredé de él. Hay muchas cartas en las que me menciona. Las aspiraciones de tener un hijo. Pienso que él se aferraba a esa idea. Estaba casado y eso puede haber sido una salvación en esos momentos: imaginarse una situación feliz".

"Para mí es muy fuerte llevar su nombre. Es muy fuerte y muy importante", dice y se le llenan los ojos, la piel, de orgullo. "El árbol que plantó en el patio de la casa de mi abuela ahora mide como 10 metros. Es un símbolo de lo que él fue y de lo que también trascendió después de muerto. Creció incluso cuando él ya no estaba". Igual que su hija, su otro legado, que en agosto cumplirá 30 años.

Julio Rubén Cao escribió varias veces desde Malvinas. La carta más extensa fue dirigida a la directora del colegio en el que daba clases y a sus alumnos de 3er grado. Allí, les pidió disculpas por su repentina ida a la guerra. Esta es la carta completa, fechada en Puerto Rivero, el nombre con que en un comienzo se llamó a la capital de las islas.

En plena guerra, Julio Cao escribió varias veces desde Malvinas. La carta más extensa iba dirigida a la directora del colegio en el que daba clases y a sus alumnos de 3º grado. En ella les pide disculpas por su repentina partida hacia las islas.

Carta del HÉROE MAESTRO Y SOLDADO CAO a sus alumnos desde el frente de combate.

En plena guerra, Julio Cao escribió varias veces desde Malvinas. La carta más extensa iba dirigida a la directora del colegio en el que daba clases y a sus alumnos de 3º grado. En ella les pide disculpas por su repentina partida hacia las islas.



La carta completa está fechada en Puerto Rivero, el nombre con el que se llamó a la capital de las islas en un primer momento.
"Puerto Rivero, 24 de abril de 1982

Sra Directora:

He recibido carta de mi esposa quien me transmitió la preocupación de todo el personal de la escuela en cuanto a mi presencia luego de mi inesperada desaparición debido a mi incorporación al Ejército.

Deseo hacer llegar a ud y por su intermedio a todo el personal de la escuela mi mayor gratitud por haberme hecho sentir tan a gusto durante el corto lapso en que me conté entre uds.

Espero que no se tomen en cuenta la incorrecta redacción y caligrafía de estas líneas pues es un soldado no un maestro quien las escribe.

Considero que uds desearán saber las condiciones en que vivimos aquí los soldados, que según tuve oportunidad de comprobar son muy distintas a las que describen en los diarios.

Formo parte de la sección Atam. (sic) del Regimiento de Infantería mecanizada 3. Nuestra misión es dar apoyo de artillería a la primera línea de las compañías de Infantería de nuestro regimiento que se encuentran sobre las costas. Nosotros nos encontramos 100 o 150 metros a retaguardia, prácticamente en el frente.

Estamos a unos 3 km del Puerto Rivero (Stanley), en la isla Soledad y vivimos en pozos de 1 m por 2 m (sic) aproximadamente (pozos de zorros) en parejas, de a dos soldados; la humedad de la tierra es nuestro mejor compañero. Comemos bien, pero la ansiedad hace que sintamos mayor apetito, no hay comida que alcance. Hace frío, frío, mucho viento y el clima en general es muy húmedo. Las noches son muy largas y se hacen más largas porque cumplimos 2 hs de guardia.

Releyendo la carta me doy cuenta de que los estoy describiendo un panorama para nada alentador, pero la realidad es que no es nada que no pueda soportarse; principalmente porque la moral de la tropa es muy alta en general.

Con respecto a la situación en general, recibimos las informaciones de la radio local que no son otras que las que "la superioridad" quiere que sepamos; sobre el ataque a las Georgias y demás, en general muy escasas. Por otra parte ya hubo enfrentamientos acá en la isla Soledad que no sé si son de dominio público: el día 27 de abril a las 2130hs, comenzamos a oír que la artillería que se encuentran a retaguardia tiraba sobre las costas; recibimos órdenes de alistarnos y de mantenernos atentos dentro de las posiciones. No teníamos otra información más que el hecho de que el fuego continuaba ininterrumpidamente. Nos encomendamos a Dios y esperamos. No sé si temblaba de frío o de miedo, pero temblaba. Hasta las 3 30 hs del día siguiente continuó el fuego y algunos tiroteos aislados que seguramente eran producto de algún miedoso (que constituyen un verdadero peligro) a las 4 hs aproximadamente recibimos noticias de que el peligro había pasado y podíamos dormir. Por la mañana, el teniente coronel, Jefe del Regimiento, nos informó por radio lo sucedido: el radar había detectado lanchones de desembarco (aproximadamente 100 efectivos) y un submarino a 1000 metros de las costas. El fuego de la artillería los cerró y puso fuera de combate, el submarino se alejó. Más que ese susto no pasó nada y esto nos sirvió para darnos cuenta de que un desembarco en esta zona es prácticamente imposible.

Señora deseo recordarle que esta información y todo lo que se refiere a mi ubicación no he hecho llegar ni a mi esposa ni a mi familia, con el objeto de no alarmarlos más de lo que por el hecho mismo se encuentran. Igualmente tengo la seguridad de que las cosas no van a llegar a mayores y que esto va a terminar muy pronto; no sabe cuánto deseo volverme a encontrar frente al grado cumpliendo esa misión mucho más gratificante y provechosa que la que tengo encomendada.
(...)
Su muerte ocurrió el 10 de junio de 1982 durante la ofensiva británica sobre Puerto Argentino. La escuela Nº 32 de La Matanza, donde ejerció como docente antes de partir hacia las Malvinas, lleva su nombre.

Desearía que hiciera llegar a la maestra de 3ero D este mensaje para mis alumnos:
"A mis queridos alumnos de 3ro D:

No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: Defender la Bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mi porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas.

Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder. Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes. Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña. Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes.

Señora, además desearía hacer llegar mi recuerdo y saludos a todo el personal a la señora Bibiana, al Sr Galo, Cristina, Nora, Mercedes, Bárbara, Isabel y a todos los docentes de mi turno y de la escuela; a la señora Alicia quisiera que sepa que extraño mucho su mate de las 13 hs, y espero pronto volverlo a saborear ya que aquí el desayuno es una especie de mate cocido mezclado con cal de albañil y hasta un poco de cemento, nada de azúcar.

Habiendo distraído demasiado su atención pero sintiéndonos por un instante con uds me decido a concluir estas líneas con la esperanza de encontrarme a la brevedad con ustedes.
El maestro soldado Cao cayó en combate el 10 de junio de 1982 durante la ofensiva británica sobre Puerto Argentino. La escuela Nº 32 de La Matanza, donde ejerció como docente antes de partir hacia las Malvinas, lleva su nombre. ¡ GLORIA Y HONOR !
 

0 comentarios :

Publicar un comentario

Archivo General

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...