lunes, 22 de septiembre de 2014

Pinochet apoyó invasión a las Malvinas

Pinochet apoyó invasión a las Malvinas

Sin la ayuda de Chile, el Reino Unido “hubiera perdido” la guerra de las Malvinas, afirma Sidney Edwards, un vicecomodoro y exoficial de la Real Fuerza Aérea Británica, que llegó el 14 de abril de 1982 a Santiago con una carta de la RAF, mandatado para conseguir y coordinar el apoyo del régimen de Augusto Pinochet, y quien narra la historia de esa secreta alianza en un libro de memorias: “My Secret Falklands War”.

Para conseguir sus objetivos debía cortejar al general Fernando Matthei, comandante de la Fuerza Aérea y miembro de la Junta Militar que gobernó el país entre 1973 y 1990 con simpatías anglófilas. La misión era secreta, y en la Embajada británica no sabían qué motivo había llevado a Edwards a Santiago.

Edwards (ahora de 80 años), explica: “Hubiéramos perdido la guerra” porque “no hubiéramos podido responder a los ataques aéreos que lanzaban los argentinos si no hubiéramos sabido cuándo iban a producirse”.

Cazabombarderos IAI M5 Dagger del G6C, listos para salir a la próxima misión de ataque a la flota británica sobre Malvinas
La estación de radares de Punta Arenas, en el sur de Chile, se reveló como una valiosa herramienta para los británicos, “porque nos avisaban cuando los cazas argentinos dejaban sus bases en el sur de Argentina”, permitiendo enviar a los aparatos británicos a su encuentro lejos de su flota.

Mapa de un fallido intento de incursión británica a la base aeronaval argentina de Tierra del Fuego
 “La alternativa hubiese sido montar patrullas aéreas bien lejos de la flota. Eso es extremadamente costoso”, no solo financieramente, sino en términos de desgaste para los pilotos, “y además no hubiéramos podido hacerlo con el pequeño número de aviones que teníamos en los portaaviones”.

La dictadura militar de Augusto Pinochet aceptó ayudar en secreto, y a cambio recibirían permanentemente el material militar que necesitaban. Apoyarse en el brutal régimen chileno no le supuso ningún conflicto al oficial británico.

Edwards afirma en su primera aparición pública: “El apoyo chileno al Reino Unido en la guerra de Malvinas, fue clave para que el gobierno de Margaret Thatcher consiguiera la victoria en la lucha por el disputado archipiélago”.

“Mi opinión personal --y creo que fue compartida por mis jefes en el Ministerio de Defensa y por Margaret Thatcher-- es que la ayuda que recibimos de parte de Chile fue absolutamente crucial. Sin ello, hubiésemos perdido la guerra”, rememora Edwards.

Durante la guerra, iniciada en abril de 1982, que duró dos meses, Chile adoptó públicamente una posición neutral, sin embargo, se rumoró que había prestado apoyo logístico a Londres.

El chileno gral. F. Matthei
Según Edwards, al llegar a Santiago de Chile, fue recibido por el general Fernando Matthei (con instrucción de Augusto Pinochet), quien le ofreció total cooperación dentro de los límites de lo práctico y lo diplomáticamente posible, enfatizando la necesidad de mantener el “secreto”.

En su libro, Edwards comenta que el hecho de que en Chile rigiera una dictadura en ese momento facilitó su trabajo, al obtener rápidamente documentos falsos de identidad.

Además, manejaba como propias las oficinas centrales de la Fuerza Aérea chilena, coordinando el uso de un radar de largo alcance en Punta Arenas, permitiendo monitorear los movimientos aéreos en Ushuaia, Río Gallegos, Río Grande y Comodoro Rivadavia.

Ese radar fue la principal contribución a la misión británica. Matthei dejó a su disposición la pista de aterrizaje ubicada en la isla San Félix, a 892 kilómetros de la costa chilena, que permitía volar a aviones británicos pintados con los colores chilenos a gran altura cerca de la frontera con la Argentina.

Bombarderos Canberras británicos en misiones de reconocimiento fotográfico eran pintados con escarapelas chilenas
 También desde allí coordinó con Londres, la llegada a Santiago de un equipo del Special Air Service (SAS por sus siglas en inglés) con un sistema satelital de comunicaciones seguro. Leer (Operación Mikado)

Edwards enfatiza que, durante la misión nunca habló con Pinochet y que se trató de un “hecho deliberado”. Me parece que lo que quería hacer era que si cualquier cosa salía mal, él podría decir: “Fue Matthei, yo no sabía lo que él estaba haciendo”.

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